Diagnóstico: Cáncer de mama

Cuando me diagnosticaron cáncer de mama me asusté, mucho, por supuesto, pero lo asumí como parte de mi camino y asumí las consecuencias que este diagnóstico podría traer consigo, desde las peores a cualquier secuela que pudiera dejar en mí y eso creo que me ayudó mucho a vivirlo con cierta tranquilidad, dentro de lo que supone algo así. Viví cada prueba y cada resultado como eso, sin ponerme en lo peor, cierto es que en mi caso, dentro del diagnóstico, el pronóstico parecía bueno, y eso lo hace todo mucho más fácil.

Todo empezó cuando a finales de septiembre de 2022 noté un bultito en el pecho izquierdo, en la zona externa, era muy evidente que era un bulto sólido y que detecté por casualidad, al tocarme sentí algo y desde ese momento supe que era algo que debía revisar. Tenía cita con mi doctora de cabecera, por un dolor en el pie, el día 13 de octubre, así que esperé a esa cita para comentarlo con ella y ver qué opinaba. El día de la consulta, obviamos el dolor del pie y nos centramos en el bultito, me pidió una ecografía para ver de qué se trataba y me la hicieron la semana siguiente, todo por la pública. Pregunté a la doctora si era recomendable hacer las pruebas por lo privado, por si era más rápido, pero me garantizó que si había algo, la pública iría deprisa, y así fue. 

Tras el resultado de la ecografía, se detectaban signos de malignidad, pero no era seguro, por lo que me programaron una biopsia en unos 15 días aproximadamente. Tras la biopsia del 7 de noviembre, una semana después, en la consulta de patología de la mama, las ginecólogas me confirmaron el diagnóstico, el 90% de las células analizadas de las muestras de la biopsia eran tumorales, había que estudiar aún el tipo, pero había que comenzar el resto de pruebas para cirugía. Parecía pequeño, controlado y sin amenazas de más, pero aún había que estudiarlo y poner nombres y apellidos al tumor... Ahí es cuando sientes que lo sabías desde el momento en que lo notaste, supongo que es algo que todas pensamos, pero que cuando no se confirma en consulta, todo queda en un nada...

A partir de ahí vinieron el resto de pruebas (mamografía, resonancia, nuevas ecografías axilares...) y en la resonancia, cuando ya teníamos prevista la cirugía (tumorectomía con conservación de mama y ganglio centinela, vaya, lo que es extraer el tumor únicamente y el/los ganglios por los que drenara el mismo), el resultado de la resonancia muestra una pequeña sombra en el otro pecho, en la zona de la areola, algo muy pequeño y que no se había detectado en la mamografía, pero que hay que estudiar, así que de nuevo se hizo una biopsia de este nuevo hallazgo y se confirmó que era otro tumor, más pequeño aún que el anterior, pero que también había que intervenir, del mismo modo, así que mi cirugía pasaba a ser una doble tumorectomía con conservación de ambas mamas y ganglios centinelas. 

Por un lado, la detección de este segundo tumor en el pecho derecho me sobrecogió, pues habiendo asumido muy bien lo que ya llevaba encima, ahora se sumaba otra preocupación, no era un tumor, eran dos y esto podía suponer que estuviera más extendido o que hubiera algo más que no hubieran visto, pero por otro lado, me alegré enormemente de que lo hubieran visto, pues la cirugía se podía hacer a la vez y era lo mejor que me podía pasar, el tumor existía, lo hubieran visto o no, así que haberlo detectado era una fortuna, pues de otro modo podría haber complicado las cosas en un tiempo y además podíamos atacar todo en una sola cirugía y de una sola vez... Y así, me sentí afortunada de nuevo, a pesar de las malas noticias.

Me confirmaron la fecha de mi cirugía para el 15 de diciembre, en menos de dos meses me habían hecho todas las pruebas necesarias y tenía fecha para la intervención, esto ayuda muchísimo, no sólo en relación a la enfermedad, que evidentemente es importante atacarla lo antes posible para que no siga evolucionando, sino a nivel anímico, pues entras en un período de médicos, consultas, pruebas, resultados, que no te deja prácticamente pensar, solo ir día a día y además sintiéndote parte útil del proceso por estar haciendo lo que corresponde, lo cual me dio mucha energía, pues ya estaba a las puertas de empezar el camino de recuperación y tratamientos necesarios. 

En este período de tiempo asumí muchas cosas, tuve mucho miedo, valoré mi vida hasta ese momento y me alegré de la vida que había tenido, no tenía deudas, ni económicas ni morales, me sentía en paz y si el destino me deparaba alguna mala noticia, solo pensaba en llevarlo lo mejor posible. Creo que, en mi caso, el hecho de no tener hijos hizo más fácil asumir todo lo que podía pasar, pues, aun asustada, no sentía la responsabilidad sobre personas que dependan de mí. Es cierto que el susto ante las posibles consecuencias de una enfermedad así, no te lo quita nadie, ya sea por el posible dolor, el posible deterioro, el desconocimiento ante los tratamientos, las limitaciones, la dependencia que te pueda suponer, lo cual era lo que al inicio más me abrumaba, depender de otros, ... eso se me hacía muy complicado emocionalmente, así como asumir que el resto estuviera pendiente de mí y ser el centro de atención y cuidados de aquellos que me rodean, siempre he estado más preparada para ayudar que para recibir ayuda. Sin embargo, desde el inicio tuve claro cómo quería hacer ciertas cosas, por ejemplo, a la hora de compartir el diagnóstico me tomé mi tiempo y fui compartiendo la información poco a poco según iba teniendo pruebas y/o resultados, lo hice de menos a más y pedí a quienes iban sabiéndolo, que respetaran mis tiempos a la hora de hacerlo extensivo al resto. Esto me ayudó mucho a ir asumiendo mi situación y sentirme fuerte a la hora de hacer el resto de comunicaciones, decidí los medios de contacto con cada persona, delegué en otros para comunicarlo a terceros, trasladé mi necesidad de tranquilidad y compartí con el resto que, según me sintiera, respondería o no llamadas y/o mensajes y que entre ellos, podrían hacer red para saber de mí, si yo no estaba en condiciones de hablar o contestar, quería protegerme y escucharme, centrarme en mí y dejar al resto "a un lado", ponerme yo en el centro sin preocuparme de nada más.  

Ante un diagnóstico de este tipo hay que lidiar con muchas cosas, aparecen miedos, preocupaciones, te sobrevuelan muchos fantasmas con los que debes aprender a vivir, yo siempre he dicho que a mí esto me pasó en mi mejor momento vital, por suerte venía de tratarme física y psicológicamente durante los años previos, tenía más confianza en mí que nunca, la cual no ha dejado de crecer desde entonces, me sentía preparada hasta tal punto que iba a las consultas casi "con gusto", esto es una forma de hablar, pues uno preferiría no pasar por esto, pero la sensación de estar haciendo lo que debes hacer y poder ocuparte de lo que te está pasando, es realmente gratificante. 

En los días previos a la cirugía me sentía tranquila, aunque es cierto que las llamadas y/o mensajes me agobiaron un poco, no puedo dejar de regocijarme, desde el día que empecé a comunicar mi diagnóstico, en todo el amor que sentí, en todo el apoyo que recibí, en todo el cariño que me dio todo el mundo, tuve la sensación de ir en volandas, de sentirme arropada de forma constante y continua y sobre todo, estoy muy agradecida del respeto que sentí ante mis "condiciones", cómo todo el mundo remó a favor para mantenerse al tanto y cerca de mí, pero dejándome mi espacio y mi tiempo y eso... eso es oro en una situación de este tipo.

Me apoyé muchísimo en los que me rodeaban, hablé abiertamente y claro, es algo que creo que me ayudó a asumir el viaje que iniciaba, según fui teniendo información más detallada de mi enfermedad y fui conociendo un poco más los conceptos, lo que suponía, el entorno médico-paciente, me fui sintiendo más tranquila y más segura, para mí, la información es poder y así lo sentí en ese momento. 

No dudé en compartir lágrimas, en hacer bromas, el humor negro siempre me ayudó mucho y tengo personas alrededor que lo facilitan, ayudando en gran medida a aliviar el miedo riéndote de él. Aprendí a hablar de CÁNCER, tal y como suena, sin sentir que eso fuera una sentencia de muerte, es muy habitual hablar de bultito, tumor, manchita, etc... pero se tiende a evitar la palabra cáncer, lo cual hace que adquiera unas connotaciones muy negativas, hasta el punto que da miedo pronunciarla o asumirla como propia, pero una vez que la asumes, se vive todo mucho mejor. 

Y así, asumiendo, aceptando, compartiendo, responsabilizándome, organizando, ..., fueron pasando los días hasta la intervención. Echando ahora la vista atrás, todo es un vago recuerdo que casi no parece que haya vivido en primera persona, pero cuando toca, te dejas llevar y lo conviertes en tu día a día, yo que no había ido prácticamente al médico, que no había estado nunca enferma, que no había tenido una baja laboral en más de 20 años trabajando, me enfrentaba por primera vez a una enfermedad que poco a poco fui comprendiendo que era una carrera de fondo y que requería estar atenta, escucharme más que nunca y dejarme querer, así como yo intentaba siempre querer a los demás, esta vez se habían invertido los papeles y todo iba fluyendo de la mejor forma posible.  

Y así comenzó esta nueva etapa que me cambió para siempre...